Se desgranan,
en el bosque más oscuro
de tus fuentes
mis palabras.
De hechizos se enternecen,
los atardeceres más fríos
de abedules vestido
el soplo de tu voz.
Lánguida y cansina
la aguja del reloj
entre miradas furtivas
se fue dejando caer
en el uno, el dos, el tres.
Pon manos a este día,
da formas a mis ortigas
a tu entender
que se retuercen las orugas
entre los pliegues del querer
ser, poseer, cruel.
Y no esquives mis pestañas
de sus brumas y marañas
entender tuve a bien
que tu piel fuese acera,
tus manos carreteras
luces, cruces, sed.
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