Ese furtivo escalofrío que se escapa,
raudo
de tus oscuras ventanas
es hondo aliento,
sabroso alimento
donde nacen
ligeras en las entrañas
formas extrañas
de entender.
Si traes medicina
al harapiento amanecer
conocerás dicha,
conocerás fe.
Con firme temblor
sacudirás las nanas
entre las sábanas
que se va dejando caer el anochecer.
Cogerás luces,
opacas lunas sin miel.
Descansarán las manos
entre palmos y palmos
de piel
áspera y ajada
en la noche cerrada
acurrucada
sobre el dintel
de tu puerta entre abierta
a mi ventana
amanecer.
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