Supongamos que el escalofrío de las ventanas nada tiene que ver con el crujido inherente a estos viejos huesos. Supongamos también que en la matriz de nubes no inscritas para esta jornada quedan sol y luna sin cobijo de las recias facciones del suelo.
Tal vez, en esta tesitura, nos veamos obligados a abolir el derecho indigno a suponer y, quizás, el desánimo de nuestra contradicción traiga luz a las puertas y noche a las chimeneas cansadas de veranos languideciendo al humo del ventilador.
Pues puede ser que el roble ya no te sostenga la sombra y el lirio se canse de dar luz. Y si te duermes recógete en las paredes e inflama el viento para que en cadentes nanas sacie tu sed.
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