lunes, 29 de abril de 2013

Hace años miraba jugar desde "la puente" las truchas en el río Viejas. Ya no hay truchas escondiéndose entre las piedras del río. Hace años por los caminos sanículas y eléboros salían al paso.
Hace años la vida era otra cosa.
Ahora todo acaba en -cidas: herbicidas, plaguicidas, insecticidas, fungicidas... todos forman parte del día a día en cada castañar, en cada cerezal, en cada pequeño trozo de tierra cultivable. Esta es una tierra fértil pero difícil y la producción acaba vendiéndose a precios irrisorios. Cuando lo vives de cerca entiendes el por qué. Por qué molesta cada brizna de hierba y cada animal salvaje sea grande o pequeño. Sobre todo ahora que grandes señoritos se dedican a criar descontroladamente venados y ciervos para su divertimento, mientras destrozan impunemente los árboles de los agricultores. Y al final, el campo se convierte en una lucha, donde lo salvaje es el gran enemigo y con tendencia a desaparecer.
Ya no es melancolía por aquella diversidad de vida que recuerdo, es tristeza, una tristeza muda y profunda.

jueves, 25 de abril de 2013

Cáceres no tiene un mar
pero en abril
verdes olas van a chocar
a los pies de sus encinas.